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17 febrero, 2011

Génetica maldad



Reconozco que de no haber sido por la polémica suscitada semanas atrás cuando se trató de impedir que el científico James D. Watson diera su conferencia (libertad de cátedra versus expresión de ideas racistas, homofóbicas) no me hubiera enterado de su visita. El periódico La Nación lo entrevistó, y como era de esperarse la pregunta vendría en algún momento:


¿Es usted creyente?

No, soy un seguidor de Jesús. Usted haga la diferencia. Creo que debemos cuidar de los perdedores. Tengo un perdedor, mi hijo, pero lo amo.

Pero, ¿es un hombre religioso?

No, nunca he estado en una iglesia. Lo que quiero decir es que la biología ha llegado a solidificar algo: que la causa de mucha de la agonía humana se debe a errores en la replicación del ADN, no a maldad heredada por los seres humanos.

¿Cuál es el origen del pecado y por qué lo permitió Dios? Son preguntas que pronto surgen y que todo texto teológico no puede obviar. La respuesta a la primera puede ser sencilla pero a la segunda no dejará a todos satisfechos.

No niego que las enfermedades hacen de nuestras vidas menos fáciles de llevar y que la raíz de las mismas puede ser trazada a un razón genética, con su fundamento científico sólido, pero más bien son ellas (las enfermedades) que ayudan a algunos a reconocer su fragilidad y debilidad, y en cambio, con buena salud, ser soberbios y pensar que somos intocables.

Recuerdo a Job, que a pesar de todas las pérdidas sufridas y de la enfermedad que le fue enviada, "en todo esto no pecó Job con sus labios".

* Entrevista completa: Entrevista con el premio nobel James D. Watson