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05 enero, 2012

Terremoto



Llama la atención como muchos que pronto desdeñan a creyentes o el modo de pensar en el pasado como creyenceros (i.e. superticiosos) y se colocan en un estrato superior pero se prestan ellos mismos para predicciones carentes de todo fundamento.

Por supuesto esto no presenta una razón a favor del cristianismo o cualquier otra religión, pues esto también trabaja en contra yq que alguno podrá argumentar: "Ve que así somos, capaces de creer de todo".

26 noviembre, 2011

De servo arbitrio



Hace unas semanas se me preguntó sobre el libre albedrío, al considerar la respuesta que redacté decidí eventualmente compartirla por este medio, aunque pensaba que ya lo había hecho antes, pero directamente solo encontré una entrada de hace más de dos años.

Además, un evento esta semana me terminó de convencer para hacerlo. En dicha reunión, aunque el motivo era otro, se dijo literalmente que lo que se discutía tenía si acaso 500 años de debatirse (acerca de la Reforma, Calvinismo y el Arminianismo), y lo que es más, no se ha podido resolver.

La afirmación, errónea como es, refleja el desconocimiento histórico, que nos dirige a otra pregunta: ¿por qué si el tema no es nuevo, la controversia no se ha resuelto?

La tensión entre la soberanía de Dios y el libre albedrío es otro ejemplo. Sin duda no es un tema reciente ni mucho menos de apenas unos 500 años. La hallamos desde las primeras páginas de la Biblia: Un Dios Creador que ordena y un hombre y una mujer que deciden desobedecer.


Sin embargo, uno de los momentos históricos asociados por excelencia con este debate es el que se da entre Agustín de Hipona y Pelagio, tomando como refencias las oraciones de Agustín:

"Oh Dios, ordena lo que quieras y cóncedeme hacer lo que ordenas"

"Manda y ordena lo que quieras, pero limpia mis oídos para que escuchen tu voz"

Desde entonces, ¿qué pasa? El cristianismo ortodoxo afirmará Dios es soberano, Él hace como quiere, tiene dominio sobre la creación y nada escapará de los propósitos que ha determinado. El punto de partida se da con el intento de reconciliar esto con las decisiones que tomamos, defendiendo que no somos simples títeres, pero en ese intento, pareciera como la voluntad humana es una excepción a la declaración.

Pero antes, ¿qué queremos decir por libre albedrío y por qué el dilema?

La palabra "albedrío" no está en la Biblia (no al menos en la popular versión de Reina Valera), pero esto a veces no dice mucho. En ocasiones usamos palabras que resumen una enseñanza aunque no sean los términos usados en la Escritura para describir a ésta.

Sin embargo, si fuera por sinónimos, hay una muy cercana y es la palabra "arbitrio" (de hecho comparten la misma raíz latina). Tomemos como ejemplo Números 24.13 y Daniel 11.7

No obstante, hay otra palabra y es con la que inicia el capítulo en la Confesión Bautista de Fe de 1689, la cual también usamos como sinónimo del albedrío y es: voluntad.

Parte del dilema viene por el uso de "libre" en la expresión. En inglés y español se evidencia porque sin el "libre" hablamos de voluntad (will), pero con el "libre" quiere reforzar esa idea de toma decisiones ajenas de cualqueir agente o coerción alguna. Es curioso que Martín Lutero escribió sobre la La Esclavitud de la voluntad (título original: De Servo arbitrio, en inglés: The Bondage of the Will) mientras que Jonathan Edwards, uno de los más prominentes teólogos, escribió sobre la Libertad de la voluntad (Freedom of the Will) y ambos, ¡¡tienen razón!!

La Confesión define acerca del libre albedrío:

"Dios ha dotado a la voluntad del hombre con aquella libertad natural, que no es forzada ni determinada hacia el bien o hacia el mal, por ninguna necesidad absoluta de la naturaleza".

Es decir, mi cuerpo en un sentido no está inclinado ni a lo bueno ni lo malo. Con mi brazo puedo ayudar y con mi brazo puedo destruir. No le echamos la culpa a nuestros brazos por lo que hacen. El punto es que naturalmente, mis habilidades físicas pueden hacer tanto lo uno como lo otro.

La Biblia enseña que antes de la caída, Adán y Eva podían escoger hacer el bien o el mal con total libertad. Esto es lo que muchos entienden por libre albedrío, que puedo hacer lo agradable delante de Dios y puedo pecar, sin ser forzado a lo uno o a lo otro, pero como dice la Confesión, (siguiendo la enseñanza de la Biblia) se cayó de ese estado. ¿Qué pasó en la caída entonces? El término "libre" ya no se puede entender como antes de que pecaran.

El pecado vino a corromper la naturaleza humana, de manera que nuestro ser ahora se inclina al pecado, pero a la vez, no quiere decir que no tengamos voluntad. Tenemos voluntad, decidimos cada día y a cada momento, decido dónde sentarme, qué palabras escogo para expresarme, si hago esto o aquello, pero cada quien hace según su naturaleza. De la abundancia del corazón habla la boca. Nuestro ser entonces, escoge según la inclinación más fuerte de su corazón. Entiéndase nuestro corazón, esa parte del alma más vinculado con lo que sentimos y queremos.

Pecamos porque somos pecadores, no es al revés. Un buitre come carroña porque es lo que le gusta, si le ponemos una rica ensalada no la comerá. Nosotros no queremos ni podemos agradar a Dios porque no es nuestra naturaleza.

El verdadero fondo de toda esta discusión porque la pregunta crucial al final es: ¿escogemos o decidimos creer en Dios? Sí, claro que sí, PERO y este PERO es la gran diferencia con la mayoría de la corriente evangélica, PERO antes nuestro ser debe ser cambiado, nuestro corazón de piedra debe ser cambiado por uno de carne, debemos ser resucitados porque estamos muertos en delitos y pecados, debemos pasar de ser ciegos en tinieblas a que Dios mande que resplandezca la luz.

En resumen, debemos ser regenerados. Primero un cambio de corazón, luego la fe. No al revés. Y entonces sí, con un cambio de corazón, podemos apreciar a Cristo y recibirle por medio de la fe.

Nadie busca a Dios. El día que creímos el Evangelio fue porque nuestros oídos fueron abiertos. Por eso afirmamos que nuestra decisión no nos salva, porque antes de creer y decidir ya habíamos sido cambiados. Nuestro creer no obligó a Dios a cambiarnos.

Con la vaguedad en el uso de las palabras, lo que podríamos hacer al hablar con las personas es enfatizar que sí, tenemos un albedrío, pero hacerles ver que no es tan libre como piensan.

Nada malo hay en decir "libre albedrío" pero tenemos otras expresiones como una "voluntad corrompida" o solo "voluntad" para evitar que las personas crean que estamos hablando de lo mismo, cuando en realidad, entendemos algo muy distinto cuando se trata sobre nuestras decisiones y en particular, esa llamada "decisión de fe".

24 noviembre, 2011

Vaguedad


Grandes cambios en los meses recientes han puesto en hibernación el blog, dado que estos cambios inciden en la dirección y enfoque de éste, así como en la frecuencia que pueda seguir dándole mantenimiento. Es extraño, pero aunque en un sentido no estoy en la obligación de estar publicando, sé que aunque pocos, hay quienes también han invertido su tiempo leyendo y participando, lo cual agradezco mucho. Pero vamos al grano ya: No han sido pocas las veces que he tratado la importancia del significado de las palabras, que si bien el lenguaje cambia, éste, entendido en su contexto histórico, cultural y el área en el cual se emplea, nos da buen fundamento para poder saber con precisión qué se quería comunicar. Nos molesta cuando alguien pone palabras en nuestra boca que en realidad no dijimos, pero parece que hacemos una excepción a la hora de interpretar lo que leemos escrito. A menos que haya sido la intención del autor, ser ambiguo, difícilmente un texto o las palabras de una persona no dan pie para abanicos de interpretaciones tan contrarias unas de las otras. Recién termino Think de John Piper. Donde ataca tanto el anti-intelectualismo como el intelectualismo. Es decir, aquellos que abandonan todo intento por el buen uso de nuestras mentes y así como los que disocian a la mente de las emociones y los sentimientos, con un gran ataque contra los daños del relativismo, de los cuales el cristianismo no ha escapado. Concluyo con una de las citas de Machen que Piper comparte:

La impresición y la vaguedad han sido usadas por miles de años por aquellos que quieren abandonar los significados y retener las palabras. J. Gresham Machen [...] lo vió en los inicios del siglo veinte: "Es el carácter de esta mentalidad ser hostil a las definiciones precias. De hecho, nada hace a un hombre más impopular en las controversias de estos días qe una insistencia en la defición de los términos.... Los hombres hablan hoy con elocuencia sobre temas como Dios, religión, Cristianismo, expiación, redención, fe, pero se indignan de gran manera cuando son confrontados a decir con un lenguaje simple qué quieren decir con esos términos."

27 septiembre, 2011

Un cuento: Muerte (propiciada)



V


Muerte. Ha sido la intención llegar a ella desde que estos cuentos iniciaron. Porque lo he dicho, este lugar está consumiendo a sus habitantes.

La muerte de este blog llegará también, ¿cómo darse cuenta si fue que ya no hubo más intención de escribir o que simplemente ya no puedo hacerlo porque ya no estoy más?

Podría adelantar ese día tal y como lo hizo esa joven, aún niña dirían muchos.

Ese día, los gritos de desesperación alertaron a la alameda, ya nada se podía hacer aunque ella se aferraba a que la joven todavía volvería a la vida. ¿Por qué lo hizo? Rumores iban y venían, pero acaso alguno de ellos podría consolar a la madre que horas después haría aún más dramática la escena. No la dejaban entrar, la policía lo impedía, quería verla... tampoco quería vivir más...

Con todo, reflexiono en el mismo instante en el cual ya no hay marcha atrás, llenarse de valor o carecer de él, la decisión se toma. Este lugar parece invitar a seguir ese ejemplo, al fin y al cabo, cada día nos acercamos.

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20 junio, 2011

Estado laico



En Costa Rica en días pasados la aprobación de la Fecundación In Vitro ha estado sometida a votación. Antes de hablar del mismo, primero señalaré lo que me llamó la atención. Las noticias no mencionaban, en cuanto a la votación como tal, la injerencia de la Iglesia Católica o de otras organizaciones familiares "pro-vida" o por el estilo, no obstante, las reacciones y comentarios de las personas tenían esta connotación en contra.

En primer lugar, el estado laico. No hace mucho esta idea me hubiera parecido descabellada, una amenaza a la fe. No es el caso. Las instrucciones en el Nuevo Testamento nunca hablan que debamos tener un estado cristiano o que debamos luchar por uno, las ordenanzas siempre están dirigidas a someterse a las autoridades que han sido puestas, dado que Dios mismo las ha establecido. Mi cumplimiento de las leyes es independiente de la confesionalidad o no del país y del gobierno. Pensar que Costa Rica sea un país sin religión en nada cambia mis responsabilidades, es más, como protestante, soy consciente de los beneficios que la Iglesia Católica percibe por causa de la confesionalidad de la nación.

Para el creyente, a menos que tenga un bajo concepto de Dios, no debería verse las pretensiones de un estado laico como algo más que el reflejo espiritual del país. La soberanía, dominio, existencia de Dios no depende de que un país así lo quiera reconocer (no hacer).

Pero viene el otro punto. Aun, si algún día, Costa Rica es un estado laico, no puede pretenderse que las creencias y los valores de las personas no influyan en el cómo votan. Es iluso pretender que en cada puesto del gobierno en cada uno de sus poderes (no solo el Legislativo) hallan personas carentes de toda noción de religiosidad.

¿Acaso no ha habido también votación por temas como el FBI, uniones civiles del mismo sexo y otros temas delicados en otros países reconocidamente laicos?

Es más, justamente el saber cuáles son las creencias (con un testimonio consecuente con las mismas) podría ser un criterio por el cual yo daría un voto para un candidato o no, y por favor, no crean que Justo Orozco y Carlos Avendaño han recibido mi apoyo, porque definitivamente esos charlatanes no me representan y mucho menos al cristianismo bíblico histórico.

En fin, un estado laico debería promover y defender la libertad de culto, y precisamente, esta libertad se vería en que cada cual puede votar según sus convicciones.

Quedan muchas situaciones, pero esto no se puede tocar en una sola entrada, porque claro, en un país mayoritariamente católico de palabra, cabe preguntarse y ¿qué de las minorías religiosas? ¿deben los creyentes buscar participar activamente en la política? y tantas más. Espero escribir más conforme ahondo en el estudio del tema y asimismo de los comentarios de su parte.

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